Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte en el mundo. Sin embargo, una proporción importante puede prevenirse actuando sobre factores de riesgo conocidos.
La prevención moderna no se basa en un único análisis, una ecografía o una cifra de presión.
Se basa en construir una imagen global.
La American Heart Association resume la salud cardiovascular en ocho componentes principales: alimentación, actividad física, exposición a nicotina, sueño, peso corporal, lípidos, glucemia y presión arterial.
El riesgo cardiovascular es individual
Dos personas de la misma edad pueden tener perfiles completamente diferentes.
Antecedentes familiares, hipertensión, colesterol elevado, diabetes, tabaquismo, obesidad, sedentarismo y otras condiciones modifican el riesgo.
Por eso las guías de prevención recomiendan que las decisiones se tomen teniendo en cuenta las características individuales y mediante una conversación entre paciente y profesional.
Prevenir no significa pedir todos los estudios
Este punto es importante.
Más estudios no equivalen automáticamente a mejor medicina.
La evaluación clínica permite establecer qué información es realmente necesaria. Según el caso, el profesional puede considerar análisis de laboratorio, electrocardiograma, ecocardiograma, MAPA, Holter, ergometría u otras herramientas.
El modelo de InnovaCardio integra cardiología clínica, imágenes cardiovasculares, cardiología del deporte y medicina preventiva, desde la consulta inicial hasta los estudios y el seguimiento.
La tecnología suma valor cuando responde una pregunta clínica concreta.
¿Cuándo empezar a cuidarse?
La prevención no empieza a una edad específica.
Empieza cuando conocemos nuestros factores de riesgo y decidimos actuar sobre los que podemos modificar.
No esperar a los síntomas es, precisamente, una de las ideas centrales de la cardiología preventiva.


