Durante años se habló de alimentación, ejercicio y tabaquismo como pilares de prevención cardiovascular.
Hoy sabemos que falta otro protagonista: el sueño.
La American Heart Association incorporó formalmente la duración del sueño dentro de sus ocho componentes esenciales para la salud cardiovascular. Para la mayoría de los adultos, recomienda un promedio de entre 7 y 9 horas por noche.
¿Qué tiene que ver dormir con el corazón?
La salud del sueño se relaciona con numerosos factores cardiometabólicos, entre ellos presión arterial, lípidos, inflamación, obesidad y actividad física.
El problema tampoco se reduce solamente a “contar horas”.
La regularidad de los horarios, la calidad del descanso, la eficiencia del sueño y la presencia de alteraciones nocturnas también forman parte de una evaluación más amplia.
Dormir poco de manera crónica se asocia con mayor riesgo de presión arterial elevada, alteraciones en glucemia y colesterol, obesidad y enfermedad cardiovascular.
Algunos hábitos básicos pueden ayudar
Mantener horarios relativamente regulares, disminuir estímulos luminosos antes de dormir, crear una rutina nocturna y evitar que el teléfono interrumpa continuamente el descanso son algunas de las estrategias propuestas por la American Heart Association.
Si existe ronquido intenso, pausas respiratorias observadas, somnolencia marcada durante el día o dificultad persistente para dormir, conviene conversarlo con un profesional.
Cuidar el corazón no empieza solamente en un consultorio. También sucede cada noche.


